El método Kjeldahl está ampliamente reconocido como una técnica fiable para la determinación del nitrógeno en diversas muestras. Sin embargo, este proceso de análisis no está exento de dificultades, sobre todo cuando se trata de manejar los humos generados durante el análisis.
El método Kjeldahl implica la digestión de muestras orgánicas en ácido sulfúrico concentrado. En este paso, los compuestos que contienen nitrógeno se convierten en sulfato de amonio, que luego se destila y cuantifica mediante titulación. Aunque el método Kjeldahl proporciona información valiosa en muchas aplicaciones, durante la digestión se producen gases nocivos como el dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2).
La neutralización de gases se ha convertido, por tanto, en una parte integral del análisis de Kjeldahl para reducir la exposición de los operadores a los humos tóxicos y evitar la contaminación del entorno del laboratorio.
Las unidade de neutralización están diseñados para atrapar y neutralizar los gases antes de que se liberen a la atmósfera, lo que permite al laboratorio cumplir la normativa de seguridad y medioambientales.